Como eran los viajes en barcos

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En las flotas que surcaban el Atlántico, se poLa vida abordo

dían encontrar representantes de todas las clases sociales, aunque no estaba bien visto por la sociedad de la época realizar periplos tan largos. La travesía era una auténtica aventura para los hombres de los siglos XVI y XVII.

Durante el trayecto, los viajeros salvo los que iban dependiendo de otros ( que viajaban con sirvientes), es en el caso de la tripulación debían  resolver por sus propios medios su mantenimiento. Los responsables del buque sólo facilitaban agua racionada por persona, para beber y lavar. Cada viajero había de llevar consigo vituallas tales como: tocino, harina, galletas, carne y pescados salados, aceite, vinagre, embutidos, etc..., así como mantas, colchas y ropas personales. Era frecuente transportar jaulas con animales vivos: gallinas, pavos, tórtolas, etc. Todo ello daba lugar a compras, ventas y trueques, un comercio que se iniciaba ya en el puerto y continuaba a bordo. La mayoría de los viajeros debía de aposentarse en los pocos espacios libres que en la cubierta o debajo de ésta, dejaba la abundante carga que aseguraba la rentabilidad del flete. No quedaban, grandes superficies para pasear, el pasajero permanecía echado casi todo el tiempo junto a los bultos de su propiedad.

La tripulación mínima exigida para un navío de cien toneladas ascendía a treinta y una persona: Catorce marineros, un artillero, ocho grumetes, tres pajes, despenseros, alguacil de agua, contramaestre y capitán. Si había sacerdote a bordo, asistían en cubierta a una misa seca, es decir, sin consagrar, para evitar que un golpe de mar pudiese derramar el vino. Luego se cantaba una oración y cada cual atendía a sus faenas.

A bordo nadie se aburría, Cuando no estaban extendiendo o plegando velas, los marineros tenían que regar la cubierta para mantenerla estanca  o achicaban el agua acumulada en el fondo de la sentina  por los golpes de mar o por las filtraciones del casco. Los toneleros mantenían sus barriles bajo continúa vigilancia, porque las duelas (cada una de las tablas de que se componen los barriles) tendían a desajustarse a causa del continuo vaivén del navío. El timonel, instalado bajo la camareta de popa, sin campo de visión alguno, mantenía el vástago del timón en la posición que le indicaban desde arriba. Los grumetes cumplían una serie de tareas menores: vigilaban los relojes de arena, cuyas ampolletas había que voltear cada treinta minutos, e iban cantando las horas para que el oficial de guardia las marease en su placa; echaban el escandallo (soga plomada de cuarenta brazas de longitud) para calcular la profundidad de las aguas.barco 3 marinos

La cocina del buque solía consistir en una plancha de hierro sobre la que se extendía una capa de arena. En esta reducida superficie se encendía un fuego de leña que servía para hervir la marmita del rancho. Solamente se comía caliente cuando hacía buen tiempo. Si llovía, tampoco se comía caliente, pero este sacrificio quedaba compensado sobradamente por la oportunidad lavarse un poco.

La vida cotidiana en un barco:Todos los días había que mantener la cubierta limpia y despejada, se reparaban las velas si habían sufrido desperfectos, ataban cabos. remendaban redes, revisaban los aparejos. Se agitaban las velas en la mañana, una vez se habla evaporado el vapor (le agua que por la noche se condensaba en la atmósfera y caía en forma de gotas sobre la luna.

Para las guardias se establecían turnos de cuatro horas que solían cambiarse a las tres, siete y once horas. Había un marinero encargado de avisar la hora, que, como ya hemos dicho, controlaba por medio de un reloj de arena. Añadía a su aviso una letanía religiosa conocida por todos. De esta manera, al amanecer, el marinero que había tenido el turno desde las tres de la madrugada. Cada día el timonel indicaba el rumbo al piloto de guardia, que la comunicaba a su vez al nuevo timonel. Siempre había un vigía en popa y otro en proa; los marineros que habían acabado su guardia anotaban sus cálculos de velocidad y distancia recorrida en una pizarra.

Los marineros después de lavarse la cara y manos con agua de mar, ponían en buenas condiciones la poca ropa que llevaban y con la cual dormían en diversos rincones de la cubierta tapados por esteras. Algunos tenían hamacas. El capitán dormía en su pequeño camarote.barco marinos2

Se defecaba y orinaba sobre la mar. Para ello los marineros se sujetaban con cuerdas o del propio navío, o bién el barco disponía de una tabla que pendía sobre las olas, a modo de retrete portátil replegable, al que solían denominar "los jardines"

La Alimentación: Tenía una fuerte base de sal debido a que la carne era conservada en salmuera; esto provocaba sed y constituía un enorme problema, ya que el agua potable que se llevaba era escasa.

La comida caliente era la del mediodía y solían hacerla los marineros viejos ayudados por algún grumete, haciendo guisos con lo que hubiera disponible en enormes calderos colocados en unos hierros. Podían emplear vino, aceite, ajos, tocino, bacalao o sardinas en salazón, tasajo o carne sabida, y bizcocho duro o galletas de harina de trigo almacenado en la parte más seca del barco. Los oficiales comían aparte y tenían su propia despensa. Los marineros combatían el aburrimiento pescando, cantaban canciones, tocaban instrumentos musicales: flauta, dulzaina. Algunos jugaban a escondidas, al contrario de lo que cuentan las películas los juegos de azar (naipes o dados) estaban prohibidos a bordo, pero siempre había quien narraba fabulosas aventuras imaginadas, leída o recordadas de algún libro de caballería.

Médicos a Bordo: Para combatir las enfermedades, casi todos los barcos llevaban médicos, pero sus conocimientos estaban limitados también sus deberes. Los enemas, las purgaciones y las sangrías eran tratamientos corrientes para casi todas las afecciones, desde la viruela hasta el escorbuto.

El papel del médico estaba asociado con lo desagradable y su capacidad a veces era tenida en tela de juicio: con demasiada asiduidad el médico era un sujeto "borracho, descuidado y corrupto".

Los entierros: Los personajes importantes dentro del barco (capitán, oficiales, comerciantes, funcionarios) recibían un entierro ceremonioso. El cuerpo de cualquier persona notoria era cosido en una sábana y atado a una plancha de madera. Una vez que se acababan las oraciones se bajaba el cuerpo al agua. Esas molestias no se tomaban con los cadáveres de los marineros corrientes; a veces ni se les amortajaba en una sábana, sino que sencillamente se los tiraba por la borda para que se alejaran flotando. Algunos de los entierros ocasionaron incidentes, en cierta ocasión atraparon un tiburón. "Teníamos la idea de limpiarlo y comerlo, pero cuando los marineros abrieron la panza del escualo encontraron en su vientre a un compañero, al que habíamos arrojado por la borda, aún sin digerir. Esta visión desagradable originó que el tiburon fuera echado por la borda.

Lo peor de la vida a bordo era la bebida, cuando se estaba en la mar, nadie bebía agua voluntariamente, pues se guardaba en barriles y se volvía verde y viscosa a los pocos días. la cerveza no se podía conservar mucho tiempo en un barco su prolongada permanencia en barriles y el calor fermentaban la bebida y a las pocas semanas de travesía era imposible tomarla. Por lo tanto se prohibió la carga de esta bebida y se ordenó el servir ron.

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